martes, 3 de junio de 2014

El ciclo del nitrógeno 

El nitrógeno es uno de los minerales fundamentales para las plantas, y si bien el 80% de la atmósfera está compuesta por N2, éste no es fácilmente asimilable por los organismos. Si bien en la agricultura es costumbre utilizar fuentes de nitrógeno químico, existen microorganismos que son capaces de utilizar el nitrógeno atmosférico. A través de métodos biológicos. Ciertas bacterias y cianobacterias tienen la capacidad de llevar a cabo una reacción química mediante la cual el nitrógeno atmosférico es transformado en amoníaco. En el suelo, el amoníaco es transformado en nitritos y posteriormente en nitratos por diferentes tipos de bacterias que actúan en cada paso.
Las plantas sólo pueden absorber el nitrógeno del suelo disuelto en agua en forma de nitratos, y lo utilizan para formar las proteínas. Los animales en cambio, consumen nitrógeno al ingerir las proteínas de las plantas, cuyos aminoácidos participan en la formación de las propias proteínas. Cuando las plantas y animales mueren o eliminan desechos, los microorganismos descomponedores transforman los compuestos nitrogenados en amoníaco. En esta etapa las bacterias convierten el amoníaco en nitratos y una pequeña parte en nitrógeno atmosférico, con lo cual se completa el ciclo.  

La importancia de los minerales y el ciclo de la materia

La materia que forma parte del planeta sufre numerosas transformaciones al ser utilizada por los seres vivos. Algunos minerales son asimilados por los organismos fotosintetizadores (como plantas y cianobacterias) que los incorporan a sus estructuras y órganos y  utilizan para cumplir distintas funciones metabólicas. A su vez, cuando un ser vivo se alimenta de otro, incorpora esos elementos químicos a través de la cadena alimentaria, y en algún momento retornan al ambiente, ya sea al agua, suelo o aire como parte del ciclo de la materia. A través de estos ciclos y con el uso de energía, la materia se va transformando.
Cuando las plantas y animales cumplen sus ciclos vitales, o cuando eliminan desechos o desprenden partes de su cuerpo (hojas, por ejemplo), estos componentes son descompuestos por numerosos hongos y bacterias, y vuelven al ambiente en estructuras más simples que pueden ser reutilizados por los productores. Así los descomponedores tienen importancia no solo en la cadena alimentaria, sino en la producción de materia orgánica fértil, es decir el humus del suelo.
A medida que el hombre comenzó a cultivar plantas para su consumo, estos elementos del suelo se fueron extrayendo junto con las cosechas. Tras años de agricultura, para mantener la fertilidad de los suelos, se hace necesario reponer esos minerales. Es por ello que los agricultores utilizan fertilizantes químicos y de esa forma aseguran grandes rendimientos.






Los microbios del suelo y la agricultura

En el suelo conviven numerosos tipos de organismos microscópicos como bacterias y hongos, que pueden ofrecer grandes beneficios. Estos microorganismos contribuyen en la formación del suelo ya que participan en la degradación de la materia orgánica y en los ciclos de elementos como el carbono, nitrógeno, oxígeno, azufre, fósforo, hierro, entre otros. Estas sustancias aportan a la fertilidad del suelo y son utilizados por los seres vivos en su metabolismo. Además, muchos de estos microorganismos viven alrededor de las raíces de las plantas e influyen en su crecimiento, y tienen gran importancia para los cultivos agrícolas como las leguminosas y algunos forestales. El crecimiento de las plantas es estimulado por estos microorganismos del suelo que ayudan a absorber nutrientes y las protegen o evitan el ataque de microorganismos patógenos (ver Cuaderno Nº 93).
En la actualidad, biólogos, microbiólogos y ecólogos estudian las comunidades microbianas del suelo en busca de microorganismos beneficiosos que puedan ser utilizados en la agricultura, para proteger los cultivos del ataque de plagas o enfermedades, como fertilizantes “amigos” del medioambiente (biofertilizantes), para la limpieza de ambientes contaminados (biorremediación), en la alimentación y otras industrias (ver Cuadernos Nº 36, 53, 57, 84).